martes, 28 de agosto de 2012

TESTER DE VIOLENCIA (RIVAS)

Anoche comenzó la séptima temporada de "Peter Capusotto y sus videos" y Diego lo hizo con su inconfundible estilo: algunos personajes nuevos y una de sus naves insignias al final del envío. Gracias Violencia Rivas por volver, aún cuando escupas cuatro verdades sangrientas en la cara y grites desaforada, con un vaso de Ballantine's, sentencias tales como:


"Lo hice porque estaba harta de que supongan que cuando una mujer menstrúa se convierte en un monstruo subhumano al que le venden tampones y todo tipo de basura porque la convencieron de que aunque se sienta como el orto tiene que seguir estando fresca y activa, bella y sonriente para seguir agradándole al resto de los idiotas que seguimos bajo el chorro del sifón de bosta que manejan los hijos de puta que siguen aceitando la máquina de fabricar comida de poronga caída".

"Mi hija... ya no se cuál de todas, no la distingo porque no tengo puestos los anteojos de ver pelotudas de lejos. Es antropóloga pero se cagaba de hambre y puso un restaurant étnico donde  si vas te sirven seis ñoquis con una morcilla parada en el plato que dice “te quiero” y te dicen que así la comen en Uganda para que vos sientas la fascinación de probar nuevos sabores. Hartos ya de sobar la gris banana del aburrimiento que te sirven como postre en el menú ejecutivo del fracaso de este restaurant donde te dan de comer la carne podrida de esta sociedad de mierda"
   
"Les digo a todos; hagan que las cosas sean distintas para los viejos, sean vivos y egoístas porque mañana ustedes van ser los viejos que viven aislados y agradeciendo la existencia de la televisión y la radio como si la compañía de un viejo solo la pueda dar un electrodoméstico porque los hijos no tienen tiempo, porque estamos obligados a seguir produciendo y negociando que nos coman el culo para poder tomar la triste leche de la insatisfacción, durmiendo la siesta de mierda que es esta civilización decadente y enferma"

"Y para ustedes... la realidad es una larga fila de pelotudos y la mayoría quiere colarse para ser atendidos primeros...soy la mujer venérea, pruébenme, si se atreven...soretes"

Sencillamente....gracias Violencia.




sábado, 25 de agosto de 2012

LAS ZAPATILLAS BLANCAS CON TIRAS ROJAS

Habré tenido once años cuando rompiendo con una tradición de zapatillas Flecha y Pampero, mis padres me regalaron las primeras Adidas. Fue uno de esos momentos inolvidables de mi infancia, habida cuenta que el costo de ese calzado deportivo por ese entonces era una "millonada". Las recuerdo hasta el día de hoy; eran  blancas con tres tiras rojas refulgentes. El modelo además estaba bautizado: se llamaban Adidas Viena y se diferenciaban de las blancas con tiras azules que se denominaban simplemente Rom. El aroma de esas zapatillas, de auténtico cuero vaca flor, era encantador. No se cuánto tiempo las habré usado, tal vez un año y medio o dos; hasta que un inoportuno orificio a la altura de mi juanete izquierdo, sumado a una mugre anquilosada en su superficie motivaron la jubilación de ese glorioso par de "zapas".
Con el tiempo vinieron otros pares de Adidas; todas blancas o todas negras, las Adidas Wimbledon (con un diseño de tiras rojas y azules sobre fondo blanco), también unas terribles faroleras azules con tiras rojas que me acompañaron en mi campaña handbolera. Algunas veces le fui infiel a mi marca: alguna Reebok, varias Topper, una amadas Puma blancas con tira negra pero nunca, nunca unas Nike (cuestión de lealtades que le dicen).
Hoy, cuarenta años después de aquel regalo fundacional, volví a sentir por un instante esa incomparable sensación infantil al entrar a un negocio de Av. Triunvirato, preguntar por un par de modelos (obviamente, de Adidas) y mientras esperaba que buscasen en el depósito las zapatillas solicitadas, ver en un estante "ese" modelo de zapatillas blancas con tres tiras rojas. Inmediatamente llamé a la vendedora y le dije: suspendé todo y traeme esas en 44/45. Sí, ya lo sé, tal vez no sean exactamente iguales y quizás sean un poco más llamativas que las viejas y formales Viena de la década del 70. Pero no me importa; éstas no tienen nombre pero íntimamente serán rebautizadas como "las hijas de las Viena". Un sincero y justo homenaje para esas zapatillas que me hicieron saltar de felicidad hace nada más ni nada menos que cuarenta años.

LA GUERRA DE LAS PASTAS

Hace unos cuantos meses, navegando por YouTube hallé una verdadera gema: un cantante negro llamado Rocky Roberts cantaba allá por fines de los años 60 un temazo llamado Sono Tremendo en la RAI.
El morocho se contoneaba de manera increíble y hacía pasos que algunos no dudaron en calificarlo como una mezcla de Michael Jackson y Johnny Tolengo.



Lo cierto que ese secreto a voces fue sobre el que se basó la empresa Dánica para promocionar su nueva línea de fideos. Es más que probable que la publicidad haya pasado absolutamente inadvertida para el grueso de la gente amén que les resulte incomprensible su desarrollo de no conocer la performance de Rocky Roberts (a pesar de una gran caracterización realizada por Martín Bossi imitando los pasitos cadenciosos de Roberts).




Pero la "guerra de los fideos" sumó hoy un nuevo capítulo. La empresa Matarazzo redobló la apuesta y se volcó decididamente al rock pesado pergeñando una publicidad impresionante con la cortina musical de Deep Purple !!!!! con su invencible Quemar.



Quedamos entonces a la espera de la campaña publicitaria de los fideos Don Vicente a ver si copan y filman alguna con Red Hot Chili Peppers como música de fondo.

lunes, 20 de agosto de 2012

EL AMIGO ROBERTO PLANTA




FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO; EN HONOR A SUS 64 AÑOS, ESTA SEMBLANZA DE ROBERT PLANT ESCRITA HACE TIEMPO POR ENRIQUE JONTEF PARA LA REVISTA LLEGAS

Terry Reid no estaba muy convencido del ofrecimiento que le había hecho Jimmy Page. En realidad Reid, cantante de Peter Jay & The Jay Walkers, tenía otros planes, que no eran precisamente los de unirse a una banda que ni siquiera estaba formada todavía. No obstante, Terry le sugirió a Jimmy que si quería un cantante para ese futuro grupo fuese a ver a un muchachito rubio de voz aguda y estridente que participaba de una banda llamada Hobbstweedle. Un veinteañero apellidado Plant.
Robert Anthony Plant, nacido en 1948 en West Bromwich, Sttafforchire siempre estuvo vinculado con el canto. A la temprana edad de trece años comenzó un peregrinaje por distintas agrupaciones. Lo que siempre le interesó a Robert fue el blues y el sonido de la costa oeste americana. Y era innegable que el estilo de cantantes negros como Sonny Boy Williamson y Bukka White influían sobre su estilo vocal. Robert cantó en varios grupos antes de cruzarse en el camino de Page, entre ellos The Crawling Kingsnake Blues Band (donde tocaba la batería un chico llamado John Bonham), Black Snake Moan y The Delta Blues Band.
En 1966 Robert formó el grupo Listen con un contrato con CBS de 3 singles pero no pasó nada. Luego estuvo con The Band Of Joy, donde también tocaba Bonham. Pero todo fue demasiado inestable y la ruptura se produjo a mediados de 1968. En ese tiempo Robert ya había colaborado también con el  músico de blues, Alexis Corner. Cuando Page lo invitó a sumarse al proyecto “Lead Zeppelin” (tal el nombre original, luego modificado por “Led”), Plant ya tenía bastante experiencia como frontman.
Hacía falta un baterista y, claro está, Robert no se olvidó de su amigo y así “Bonzo” Bonham pasó a formar parte del cuarteto junto con el bajista y pianista John Paul Jones.
Se encerraron en un estudio y con sólo treinta horas de grabación surgió Led Zeppelin I. Desde ese primer registro quedaron claras dos cosas: la primera que los “gritos y susurros” de Plant iban a ser una marca registrada del grupo y en segundo lugar la incidencia del aporte compositivo de Robert. Allí comenzarían a reflejarse las obsesiones de Plant, una mezcla de fantasía,  esoterismo y su pasión por Tolkien.
El cantante cultivaba un estilo ambiguo pero avasallador sobre el escenario; camisas desabrochadas, jeans ajustados, micrófono siempre en mano izquierda y ademanes sugerentes con la derecha. Además un absoluto dominio vocal para interpretar blues, reggae, rock fuerte y baladas. Los rankings estadounidenses e ingleses mostraban a Zeppelín siempre al tope. Pero en la vida de Plant sobrevinieron problemas y tragedias casi sin solución de continuidad.
Un accidente de auto sufrido en Grecia junto a su esposa en medio de las presentaciones de Physical Graffiti, en 1975, obligó a la cancelación de la gira. Con Plant fracturado en el tobillo y en el codo, las grabaciones para el disco Presence las hizo sentado en una silla de ruedas. Pero el peor golpe para Robert se produjo en 1977, cuando a causa de una infección estomacal falleció Karac, el hijo de Robert de tan sólo 6 años. Fue un golpe letal para Plant que le generó un estado de semiretiro y  alejamiento de los escenarios. Los rumores de una separación del grupo se hicieron evidentes. Sin embargo siguieron juntos, sacaron un nuevo disco y dieron un recital memorable en Knebworth ante más de doscientas mil personas. Pero un año más tarde moriría Bonzo Bonham  y Robert y Jimmy entendieron que ya no había forma de seguir adelante.
Plant lanzó su carrera solista con éxito manteniendo su estilo; hubo, eso sí algún tipo de reencuentro con Jimmy Page (como el de la fiesta de los cuarenta años de Atlantic Records o en No Quarter, un delicioso trabajo acústico del dueto).
En www.robertplanthomepage.com puede encontrarse información detallada del blondo cantante y su actualidad. Ahí podemos verlo un poco más viejo que EN aquellas épocas en las que Robert Plant (o “Roberto Planta” como graciosamente fue rebautizado en estos pagos) se transformaba cada sábado de trasnoche en el amigo entrañable de un grupo de devotos incondicionales. Esos que visitaban el cine Lara de Avenida de Mayo cada vez que se proyectaba “La canción es la misma” solo para ver, una y otra vez, a Roberto en acción.

sábado, 18 de agosto de 2012

EL EMBAJADOR ALEMAN






UN HOMENAJE AL QUE PROBABLEMENTE HAYA SIDO EL MAS GRANDE GUITARRISTA DE JAZZ SURGIDO DE ESTOS PAGOS, EL NEGRITO OSCAR ALEMÁN

Duke Ellington lo conoció y quiso que Oscar se integrase de inmediato a su afamada orquesta y hasta le pagaría el triple de lo que cobraba. Sólo debía obtener una respuesta afirmativa de la dueña de la compañía. Pero la escultural Venus de Ebano, Josephine Baker cortó de cuajo cualquier posibilidad emparentada con la ida de Oscar. La respuesta, palabras más, palabras menos, fue: “¿Dónde voy a encontrar otro músico como Oscar, que cante en español, francés, portugués, italiano; que baile y toque guitarra, cavaquinho, pandeiro, contrabajo, batería y que además sea un gran compañero?”. Todas esas virtudes se concentraban en la esmirriada figura de Oscar Alfredo “el negrito” Alemán; probablemente el músico argentino más reconocido a nivel internacional.

Oscar nació en Resistencia, Chaco, en 1909. Su padre, Jorge Alemán Moreira, tenía un conjunto folclórico de música y danzas nativas junto con tres hermanos mayores de Oscar. Su madre, Marcela Pereira, era india toba y hábil ejecutante de piano.
Poco tardó Oscar en integrarse al grupo musical; a la edad de seis años ya deslumbraba como un eximio zapateador de malambo. Cuando el conjunto de Moreira se presentó en el Teatro Nuevo (lo que hoy es el Teatro Gral. San Martín), el chiquito maravilló a todos con su destreza. Pero las cosas no venían bien, económicamente hablando, y Moreira decidió cambiar de aire; emprendió viaje junto a los cuatro hijos rumbo a la  ciudad de Santos, en Brasil. Aquí quedaron dos hermanos menores de Oscar a cuidado de la madre.
Pero los acontecimientos tomaron un rumbo trágico: Marcela Pereira falleció en 1920 y los hermanos menores fueron internados en un orfanato. En tanto Moreira se suicidó al año siguiente. Los hermanos de Oscar se fueron por su lado y lo dejaron a la deriva. Oscar comenzó a llevar una vida errante y a subsistir haciendo de todo un poco; su única alegría fue aprender “de oído y de ojito” a tocar la guitarra y el cavaquinho. Pero no pudo evitar, a causa de la poca y mala comida, arrastrar raquitismo de por vida.
Al lado del guitarrista brasileño Gastón Bueno Lobo, empezó a forjar una carrera profesional. Formaron un dúo llamado Los Lobos con el que Oscar pudo volver a Buenos Aires. El repertorio se basaba en tangos, foxtrot, boleros y valses y Oscar ya desplegaba todo su carisma y talento para cantar en varios idiomas y bailar variados ritmos tropicales.
El dúo viajó a Europa a instancias del bailarín negro de tap, Harry Fleming y fueron presentados ante el público como “Los guitarristas hawaianos”, pero no duró mucho, ni la relación con Fleming ni tampoco el vínculo con Bueno Lobo.
En 1931 Alemán ya se presentaba como guitarrista de jazz en el cabaret El Alcazar, de España. Su fama llegó a oídos de la bailarina y cantante de varieté Josephine Baker quien le pidió que fuese el director de los Baker Boys (una formación de veintidos músicos). Hicieron giras por Europa y Africa, tocando jazz, tango, música brasileña y cubana. La sociedad con Baker duró hasta 1938. Oscar siguió recorriendo Europa y se cruzó con popes como Louis Armstrong y fundamentalmente el guitarrista gitano Django Reinhardt con quien compartió escenario en el Hot Club de Francia. De esa época data el recurso efectista de girar y apoyar la guitarra sobre sus espaldas y ejecutar de esa manera fragmentos de canciones.
Pero las cosas se habían puesto demasiado duras en Europa; Oscar sufrió una golpiza en París por lo cual tramitó la repatriación. De vuelta en Argentina, logró un gran éxito con el tema “Rosa madreselva”. Aquí se puso al frente de un quinteto constituído por tres violines, contrabajo y batería. Pero poco a poco fue alejándose del jazz para transitar un camino más comercial. En 1943, su versión del clásico “Bésame mucho”, vendió la friolera de un millón de copias. Sobrevinieron épocas en las que su sola presencia convocaba una multitud como sucedía en los bailes de Carnaval. Después cayó en el olvido y fue rescatado allá por la década del 70 por una nueva generación de fanáticos del jazz que lo veneraron como un grande, más allá de su fallecimiento en octubre de 1980.
La página www.oscar-aleman.com.ar fue hecha con motivo del estreno del film documental sobre Alemán, realizado por Hernán Gaffet. Su título, “Vida con swing”, pareciera resumir su espíritu y su singular derrotero.  

miércoles, 15 de agosto de 2012

LA LEYENDA DEL INDOMABLE





UNA SEMBLANZA DEL GENIAL KURT COBAIN, POR ENRIQUE JONTEF PARA LA REVISTA LLEGÁS


El muchacho rubio y su amiga habían bebido alguna copa de más y comenzaron a filosofar. El tema en cuestión versaba acerca de la posibilidad de una revolución juvenil. Palabra va, palabra viene, la chica se levantó y escribió en una de las paredes: “Kurt huele a espíritu adolescente” (Kurt smells like teen spirit). El muchacho se envalentonó; tomó esa frase como una señal, se vio a sí mismo como líder de esa insurrección. En realidad, la amiga, lo único que quería destacar era que Kurt, efectivamente olía a Teen Spirit, un desodorante de venta libre de principios de los noventa. Fue producto de esa confusión y de divagues sobre la revolución que surgió un sonido, un impactante rasguido de guitarra, y una canción que, a su manera, generó su propia revuelta.
En 1967, año en que Jimi Hendrix plasmó Are you experienced?, Janis Joplin partió cerebros en el festival de Monterrey y Jim Morrison asombró con el album debut de The Doors, nacía Kurt Donald Cobain, en Hoquiam, Washington. De pequeño sus inquietudes artísticas pasaron por la pintura y el dibujo en medio de un asfixiante clima familiar. A través del regalo de un tambor, la música llegó a su vida. A los catorce, un tío le obsequió una guitarra de segunda mano para zurdos y un amplificador de diez vatios de potencia. Las clases de guitarra le resultaban insoportables y se encerraba a generar acordes por su cuenta.
La separación de sus padres lo llevó a vivir como un ocupa y un tiempo bajo el puente del río Wishkah. En ese peregrinar conoció a un personaje tan particular como él y de llamativa altura llamado Chris Novoselic. Formaron un grupo, Fecal Matter, en el que Kurt era el baterista y Chris tocaba guitarra. Pero el bajista los abandonó y se produjo un enroque de instrumentos. Hubo que salir a buscar baterista y después de varios intentos, un amigo de un amigo, Chad Channing, se encargó de los parches. Tenían destino de agrupación durable y debieron pensar en un nombre. Este provino del estado de la suprema sabiduría; de allí en adelante serían Nirvana.
Para Bleach, el primer trabajo, Cobain resolvió las letras de los temas en el estudio mismo, acorde con el sonido nervioso y furibundo de la banda. No eran letras elaboradas sino unas cuantas frases sueltas o estribillos que se repetían constantemente. Al desgastarse la relación con Channing, entró en escena otro batero, natural de Ohio, Dave Gröhl. Cobain era el abanderado de un nuevo estilo, el grunge y eso le permitió a Nirvana entrar en la consideración positiva de varias compañías, entre ellas Geffen. Todo era muy rápido, demasiado quizás y Cobain necesitó apoyarse en la heroína para resistir los embates del éxito.
Un bebé desnudo sumergido en una pileta, un dólar amarrado a un anzuelo, un sonido crudo y visceral, un track oculto llamado Endless y además “Smells like teen spirit” vociferada por Cobain; todo eso formó parte del disco fundamental de la década del 90: Nevermind. Sólo llevó tres semanas de estudio y vendió más de quince millones de copias. Cobain se transformó en símbolo de una generación. Y no le gustó mucho, él solo quería ser músico.
Buenos Aires conoció sus vaivenes emocionales cuando en la noche del 30 de octubre de 1992 ante un Vélez repleto dejó a todos con las ganas de escuchar Smells… porque se había abucheado al soporte y protegidas de Cobian, Calamity Jane. Amagaba el riff y después encaraba para otro tema
La actuación  en el “unplugged” de la MTV también tuvo el toque Cobain; le pidió al realizador que la escenografía del escenario desbordara de velas y flores. El productor trató de disuadirlo señalando que eso parecería un funeral y Kart respondió que eso era lo que exactamente pretendía.
Llegó la última actuación en el Terminal Linz de Munich, un primer intento de suicidio en Roma mezclando somníferos y champán. Y el último tiro el 8 de abril en su casa de Seattle.
La página www.cobain.com es generosa en cuanto a la cantidad de imágenes de Cobain. Un revolucionario de la música que se cansó de todo a los veintisiete años. Casualmente la misma edad que tenían Hendrix, Joplin y Morrison cuando también dijeron basta.

lunes, 13 de agosto de 2012

¿ESTÁ EL ENEMIGO?... QUE SE PONGA




UN HOMENAJE AL GRANDIOSO HUMORISTA ESPAÑOL MIGUEL GILA, PUBLICADO ORIGINALMENTE POR ENRIQUE JONTEF PARA LA REVISTA LLEGÁS.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento el joven Miguel no podía recordar ninguna tarde remota ni a un padre que lo llevara a conocer el hielo en Madrid. Simplemente porque cuando Miguel nació, allá por marzo de 1919, su padre ya había fallecido dos meses antes. Y ahí estaba, delante de una tropa falangista, obnubilada por el alcohol y con las armas apuntando hacia su humanidad y la de algunos otros. Varios cayeron por la balacera pero Miguel tuvo la infinita suerte de no ser alcanzado por ningún proyectil ni que nadie se acercase a dar el tiro de gracia.
Miguel hasta allí había recorrido un camino difícil: a lo ya dicho acerca de la niñez pobre y la ausencia de padre, se agregaba el abandono de los estudios a los trece años, los diversos oficios que tuvo que aprender; pintor de coches, mecánico de aviones, fresador. Todo era mitigado por su pasión por el dibujo. El horror de la Guerra Civil  no hizo más que alimentar el espíritu zumbón de Miguel Gila Cuesta, probablemente el cómico monologuista más brillante de la historia española.
En el comienzo de la guerra, Miguel ya era militante de las Juventudes Socialistas y se enroló en el Quinto Regimiento comandado por Enrique Lister. Tiempo después sobrevino el episodio del fusilamiento frustrado. Luego de la contienda estuvo prisionero en celdas de Yeserías, Carabanchel y Torrijos. Fue por ese entonces que compartió calabozo con el poeta Miguel Hernández, que pese a su maldita tuberculosis disfrutaba de los dibujos y viñetas que Miguel pergeñaba. Su tour como recluso finalizó con cuatro años prestando servicio militar forzoso.
Gila comenzó su relación con los medios transmitiendo partidos de fútbol para Radio Zamora. Sin embargo el gran  cambio se produjo una noche de 1951, a partir de una actuación improvisada en el teatro Fontalba de Madrid. Aquella noche se representaba una función de una obra exitosa. Aprovechó una distracción y saltó desde el puesto del apuntador hacia el escenario. Quedó de frente al público, que se mostró atónito ante su presencia. Allí estaba Gila, disfrazado de soldado, con un fusil de mentira y preguntándole a la gente: ¿Esta es la salida del metro de Goya?. Cuando alguien respondió que ese era el teatro Fontalba, Gila, sin mayores preámbulos, empezó a contar por qué se encontraba allí. Monologó sobre los avatares de un voluntario en una guerra. Le bastaron tan sólo veinte minutos para cautivar a los espectadores y  recibirse de estrella.
Si bien sus dibujos fueron publicados en revistas como La Codorniz, Hermano Lobo y Exedra, su fuerte radicó en aquellas desopilantes llamadas telefónicas, generalmente basadas en episodios “bélicos”, en especial uno, decididamente memorable, que decía algo así como: Está el enemigo?, que se ponga... Cuándo piensan atacar?...el lunes. Y ¿a qué hora?...Anda, a las siete que estaremos todos acostaos...¡No podrían atacar por la tarde?, después del fútbol?
Gila, con esa rara mezcla de disparate e inocencia aunque no exenta de gracia inteligente y crítica, tomaba su propia historia, su propia ideología y la transformaba en un humor vengativo, un humor de los vencidos, en pleno auge del franquismo.
El mismo Ernest Hemingway lo invitaba frecuentemente con varias copas de daiquiri en alguna mesa del Chicote de Madrid, sólo para escuchar a Gila desarrollar sus fantásticos soliloquios.
Al atacar el militarismo, los convencionalismos o el sentido común impuesto, se ganó enemistades varias, generalmente ubicadas del lado del generalísimo. Fue censurado y encarcelado en varias oportunidades. Y cuando se hartó de todo ese atosigamiento y de la Ley de Prensa del franquista Manuel Fraga, a la que Gila calificó como “un escarnio y una burla”, se autoexilió en Buenos Aires en 1968.
Varios sábados se pudo disfrutar a Gila en la pantalla local, pero un día, la Junta Militar Argentina lo mandó llamar. Querían que hiciese un programa de humor semanal  (en la época del Proceso!!!); esto fue lo que motivó a Gila a emprender la vuelta a su patria y seguir desparramando su talento, ya afincado en Barcelona, donde murió en el 2001.
La página www.el-mundo.es/fotografia/2001/07/cultura/gila/ nos permite rescatar imágenes  de un maravilloso cómico, que, dotado de una camisa roja y un teléfono negro con disco, utilizó “con malicia” la inocencia del lenguaje para transformar su arte en un arma de ataque, ante quien correspondiese.